El sello

Rojo a mi alrededor, confusión espesa que me turba en cada movimiento. Oigo su voz a lo lejos, lo vislumbro. El suelo se vuelve oscuro. Le veo claramente. No conozco su idioma, pero insólitamente le entiendo.

-“Hola hijo mío. Estás ante mí porque naciste con una sola razón, obedecerme. Como ves, el mundo ha llegado a su fin, todo ha acabado. Todo lo que has visto hasta ahora ya no existe. Tú eres el elegido.”

No siento mi cuerpo, no puedo verme, mis ojos se nublan, ni siquiera sé si tengo ojos.

-“Soy aquel al que llamas lucifer, príncipe de los ángeles rebelados. No tengas miedo, no soy el mal si es lo que crees, soy simplemente el antagónico de Dios. Él ha planeado vuestra muerte, el va a filtrar la especie humana como lo lleva haciendo desde el principio de los tiempos…”

Sus ojos encarnan el mismísimo horror, quiero correr, gritar, pero no puedo. Decir que siento pánico seria insultar a la mismísima muerte.

-“… Tu misión es la de segar 76 vidas para enviarlas a este nuevo mundo antes de que el viejo sea aniquilado. Le darás la oportunidad a algunas almas de salvarlas de la destrucción. Cada aliento arrebatado por tus manos será acogido por las mías. Para ello te enviaré atrás en el tiempo para conseguirlo. Recuerda que tú sólo fuiste engendrado para esto, el hecho de que no logres alcanzarlo demostraría tu inutilidad, serás eternamente castigado con la culpa, la expiación perpetua, hasta que no lo completes.”

Su cuerpo está inmóvil, sin embargo su sombra se acerca a mí. Extiende su mano abierta y me la ofrece.

-“Sellémoslo pues.”

El monstruo aprieta mi mano izquierda abrasándola con el fuego que desprende. El rojo de las paredes gira en espiral enredándose con la silueta de mi amo. Todo cae, todo desaparece y la oscuridad me inunda…

Un dolor intenso en mi cabeza me obliga a levantarme. Esta vez blanco, todo es blanco. Camino hacia una puerta. Tras ella veo mucha gente. Me ahogo, me falta el aire. Me precipito por los pasillos todo lo rápido que puedo pero de repente alguien frena mi carrera. Le miro a la cara. El miedo empapa mi sangre. Esos ojos, de nuevo veo esos ojos. Giro la cabeza hacia abajo y entre el uniforme azul del individuo distingo lo que parece ser una pistola. La sustraigo de su funda y me alejo aceleradamente. No puedo evitar sus ojos, me penetran dolorosamente, mi mente grita, me asfixio, el sudor congela mi rostro, mi sangre es adrenalina pura, la locura se apodera de mí, voy a explotar… Un ruido ensordecedor calma mi enajenación. Olor a pólvora. Alguien yace en el suelo con un orificio entre los ojos, la primera salvación.

Ya no puedo parar, debo cumplir mi misión, para eso estoy aquí, lo he comprendido finalmente. Empuño el arma de nuevo y la utilizo para asegurarles la vida eterna. Soy el elegido, el salvador.

Ahora camino sereno por pasillos repletos de cuadros y esculturas, mientras despojo de su vida en el viejo mundo a cada uno de los que encuentro en mi camino. Quiero liberarles a todos de este mundo y soy consciente que la munición de la pistola es limitada, por eso tengo que aprovechar todos los disparos. Un anciano me suplica piedad mientras protege la vida de su nieta con sus brazos macilentos, y yo le regalo la inmortalidad colocando una bala entre la cabeza de la niña y el corazón del viejo. He visto como una mujer embarazada se esconde en los aseos, me apresuro a atraparla y le perforo el vientre. Un niño pequeño viene corriendo hacia a mi llorando, como si me viera como a su propia madre, le golpeo violentamente con la empuñadura abriéndole el cráneo en dos. Por primera vez me siento completo. Ahora concibo todas esas preguntas que no entendía acerca de mi existencia. Empiezan a venir a mi mente recuerdos de mi niñez, de mi juventud. Nunca he encajado en ningún sitio, siempre me he sentido parte del decorado. Sabía que mi destino era otro que el ser un borrego más. Un destello tras otro golpean mi memoria, pequeñas porciones de recuerdos me hacen comprender mejor mi realidad.

Cada gota de sangre salpicada sobre mi cuerpo significa que estoy más cerca de cumplir con mi objetivo. Mis oídos solo escuchan salpicaduras en la pared, disparos y gritos de paz. A mi paso las paredes se tiñen de rojo, el suelo se vuelve carne y el caos se convierte en silencio.

Fatídicamente las balas se agotan. Apurado busco una nueva arma al que recurrir. Levanto una fina escultura de bronce y la esgrimo a modo de bate. Es lo único que tengo, asesto varios golpes mortales en la cabeza a un tipo que intentaba salvaguardarse de su propia fortuna. Pero de improviso se abalanzan sobre mí una masa de gente obstaculizando mi obligación, privándome de mi arma. Todo cambia. Dolor un intenso dolor. Entonces contemplo como golpes encolerizados acaban con mi propósito. Mi sangre se escapa por los resquicios de mi cuerpo entumecido. Necesito respirar, necesito vivir.

Veo un resplandor entre la densa turba. Luces azules parpadeantes mitigan el linchamiento. Uniformes cerúleos me escudan, me protegen. Totalmente inmovilizado y cubierto de sangre propia y ajena soy llevado hasta el interior de un furgón con ventanas oscuras, atravesando gritos de odio.

Me asientan en el vehiculo acompañado por 4 ángeles custodios. El suelo se mueve. Advierto como el cielo se vuelve rojo, ¿es quizás el ocaso de nuestra existencia? No lo había logrado, al menos algunos serán salvados pero yo permaneceré eternamente castigado. Mi cabeza me pesa, observo mis esposas y distingo mi rostro reflejado entre tanta mugre. Mi cuerpo llora sangre de mis víctimas liberadas. Cada gota en el suelo es un estallido en mi mente. Entre el murmullo de mi corazón empiezo a percatarme de los gritos de mis guardianes.

-“… no te enteras o qué?!! Este tío está chiflado. No sé por qué pierdo el tiempo con un tipo así. Un hombre que ha asesinado a 27 personas a sangre fría. Me das asco. Ha sido una carnicería. ¿Cómo una persona puede cometer actos tan inhumanos? No lo entiendo…”

Yo sonrío en mi interior porque sé que no me he equivocado pero inexplicablemente me siento mal.

-“… era un hombre casado con un hijo, con un trabajo con futuro, llevaba a su familia al museo para pasar un domingo juntos…”

Soy preso de la duda. El mundo se me cae encima. ¿Es verdad lo que esta diciendo? La confusión me consume por momentos.

-“…pero sin explicación aparente comienza a matar gente impulsivamente. Ni siquiera se ha contenido para matar con la misma frialdad a su familia…”

Un rugido enorme me sumerge en mi propia oscuridad. Bombardeo de flashes irradian mi memoria. Lo recuerdo, lo recuerdo todo. Mi pequeño Abel, mi preciosa Claudia…

<<Entramos en el museo, recorrimos la primera sala y me separé de ellos, ¿por qué?…me dirigí a los aseos y me lavé la cara. Me contemplé en el espejo. Mis ojos estaban cansados, posiblemente de haber pasado la noche paseando en el parque con mi mujer. Al dirigirme hacia la puerta resbalé, caí y sentí un profundo golpe en mi nuca. Dormí>>

Esos ojos, vuelvo a verlos. Pero ahora son diferentes. Son los míos. Había sentido miedo todo este tiempo de mi mismo. No existía lucifer más que en mis sueños. He sido presa de mi propia subconsciencia y de mi estado amnésico. La impotencia desgarra mis sentidos.

<<Sujetaba con mi mano la pistola, mientras con la otra retiraba restos de sesos de mi mejilla. Abel venía hacia mí, vertiendo lágrimas a su paso, y suplicando mi aplacamiento. Pero no puedo escucharlo, no puedo reconocerlo, ¿qué estoy haciendo?, estoy poseído. Acabé con su vida hendiendo la empuñadura del arma entre sus sienes>>

Mi vida se ha acabado, no puedo creer lo estúpida y ridícula que puede llegar a ser la mente humana para confundir los sueños de la realidad. Sin mis recuerdos he pasado de ser persona a demonio. Mis lágrimas no consiguen limpiar la sangre que cubre mi cara. Jamás lograré perdonarme. Tan sólo merezco sufrimiento, aún mas del que siento en estos momentos. Vuelvo a mirar mi reflejo en las esposas, mis ojos han cambiado. Quiero morir pero no soy digno de ese regalo. Mientras me revuelco en mi mierda, observo mis manos. Mi mano izquierda. La quemadura de mi mano izquierda. El sello.

By Mayhem

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~ por Loco en 13 junio, 2005.

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