HdP

•23 septiembre, 2008 • 2 comentarios

El siguiente texto puede herir la sensibilidad de los lectores. Todo lo mencionado es totalmente ficticio y sin pretensión de ninguna clase.

Como humeantes y calientes heces de un seboso día, salgo de mi puto trabajo con la cabeza hinchada de prepotencias y estupideces. Mi madre podría haberme abortado la muy puta.

Mientras viajo en el autobús – hoy llegó tarde de cojones – un sudaca a mi espalda empieza a hacer ruidos extraños. Me da por volverme y el muy cabrón me estaba escupiendo en el pelo. Me mira a los ojos y se ríe mientras babea. Con la de hijosdeputa que hay en el mundo y me tiene que tocar a mí este capullo. Suerte para él – o para mí – que ya había llegado a mi parada y bajo rápidamente, no sin antes joderme el hombro contra la puerta del autobús mientras se cierra, porque en este pueblo los putos conductores de autobús no saben distinguir cuando alguien esta fuera o dentro (¡¡joder!!).

Pero la cosa mejora cuando el cabrón de mi vecino entra en escena. No dice nada, no hace nada, sólo me mira desde su puerta y sonríe cada vez que cruzo la calle a mi casa. El muy capullo tiene a todo el mundo en mi contra, incluso al tonel de mi mujer, porque no estoy en su iglesia. Que les den a su iglesia y a su puta madre. Putos borregos. No sé si tenerles miedo o asco. Paso de su cara de capullo.

Entro en mi casa y, tras el fuerte portazo, la apestosa lengua de mi mujer empieza a cagarme encima. Puta gorda de mierda, no haces más que chillar todo el puto día. “¿Por qué no hablamos? ¿Por qué no tenemos hijos? ¿Por qué no eres creyente? ¿Por qué no me miras a los ojos? ¿Por qué? ¿Por qué?” Cojo el paragüero de cobre con las dos manos, y cuando consigo levantarlo, se la lanzo con todas mis fuerzas sobre su cabeza. Suena un potente y embriagador crack, y su mórbido cuerpo cae inerte al suelo.

-¡¡Porque no me sale de los cojones!!


By Mayhem

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Sancha

•15 junio, 2008 • 3 comentarios

El bosque parecía alejarse hacia el mar, dejando entre él y la Albufera una extensa llanura baja cubierta de vegetación bravía, rasgada a trechos por la tersa lámina de pequeñas lagunas.

Era el llano de Sancha. Un rebaño de cabras guardado por un muchacho pastaba entre las malezas, y a su vista surgió en la memoria de los hijos de la Albufera la tradición que daba su nombre al llano. Los de tierra adentro que volvían a sus casas después de ganar los grandes jornales de la siega preguntaban quién era la tal Sancha que las mujeres nombraban con cierto terror, y los del lago contaban al forastero más próximo la sencilla leyenda que todos aprendían desde pequeños. Un pastorcillo como el que ahora caminaba por la orilla apacentaba en otros tiempos sus cabras en el mismo llano. Pero esto era muchos años antes, ¡muchos…!, tantos, que ninguno de los viejos que aún vivían en la Albufera conoció al pastor: ni el mismo tío Paloma.

El muchacho vivía como un salvaje en la soledad, y los barqueros que pescaban en el lago le oían gritar desde muy lejos, en las mañanas de calma:

-¡Sancha!¡Sancha…!

Sancha era una serpiente pequeña, la única amiga que le acompañaba. El mal bicho acudía a los gritos, y el pastor, ordeñando sus mejores cabras, la ofrecía un cuenco de leche. Después, en las horas de sol, el muchacho se fabricaba un caramillo cortando cañas en los carrizales y soplaba dulcemente, teniendo a sus pies al reptil, que enderezaba parte de su cuerpo y lo contraía como si quisiera danzar al compás de los suaves silbidos. Otras veces, el pastor se entretenía deshaciendo los anillos de Sancha, extendiéndola en línea recta sobre la arena, regocijándose al ver con qué nervioso impulso volvía a enroscarse. Cuando, cansado de estos juegos, llevaba su rebaño al otro extremo de la gran llanura, seguíale la serpiente como un gozquecillo, o enroscándose a sus piernas le llegaba hasta el cuello, permaneciendo allí caída y como muerta, con sus ojos de diamante fijos en los del pastor, erizándole el vello de la cara con el silbido de su boca triangular.

Las gentes de la Albufera le tenían por brujo, y más de una mujer de las que robaban leña en la Dehesa, al verle llegar con la Sancha en el cuello hacía la señal de la cruz como si se presentase el demonio. Así comprendían todos cómo el pastor podía dormir en la selva sin miedo a los grandes reptiles que pululaban en la maleza. Sancha, que debía ser el diablo, le guardaba de todo peligro.

La serpiente crecía y el pastor era ya un hombre, cuando los habitantes de la Albufera no le vieron más. Se supo que era soldado y andaba peleando en las guerras de Italia. Ningún otro rebaño volvió a pastar en la salvaje llanura. Los pescadores, al bajar a tierra, no gustaban de aventurarse entre los altos juncales que cubrían las pestíferas lagunas.

Sancha, falta de la leche con que la regalaba el pastor, debía perseguir los innumerables conejos de la Dehesa. Transcurrieron ocho o diez años, y un día los habitantes del Saler vieron llegar por el camino de Valencia, apoyado en un palo y con la mochila a la espalda, un soldado, un granadero enjuto y cetrino, con las negras polainas hasta encima de las rodillas, casaca blanca con bombas de paño rojo y una gorra en forma de mitra sobre el peinado en trenza. Sus grandes bigotes no le impidieron ser reconocido. Era el pastor, que volvía deseoso de ver la tierra de su infancia. Emprendió el camino de la selva costeando el lago, y llegó a la llanura pantanosa donde en otros tiempos guardaba sus reses. Nadie. Las libélulas movían sus alas sobre los altos juncos con suave zumbido, y en las charcas ocultas bajo los matorrales chapoteaban los sapos, asustados por la proximidad del granadero.

-¡Sancha!¡Sancha! -llamó suavemente el antiguo pastor.

Silencio absoluto. Hasta él llegaba la soñolienta canción de un barquero invisible que pescaba en el centro del lago.

-¡Sancha! ¡Sancha! volvió a gritar con toda la fuerza de sus pulmones.

Y cuando hubo repetido su llamamiento muchas veces, vio que las altas hierbas se agitaban y oyó un estrépito de cañas tronchadas, como si se arrastrase un cuerpo pesado. Entre los juncos brillaron dos ojos a la altura de los suyos y avanzó una cabeza achatada moviendo la lengua de horquilla, con un bufido tétrico que pareció helarle la sangre, paralizar su vida. Era Sancha, pero enorme, soberbia, levantándose a la altura de un hombre, arrastrando su cola entre la maleza hasta perderse de vista, con la piel multicolor y el cuerpo grueso como el tronco de un pino.

-¡Sancha! -gritó el soldado, retrocediendo a impulsos del miedo-. ¡Cómo has crecido…! ¡Qué grande eres!

E intentó huir. Pero la antigua amiga, pasado el primer asombro, pareció reconocerle y se enroscó en torno de sus hombros, estrechándolo con un anillo de su piel rugosa sacudida por nerviosos estremecimientos. El soldado forcejeó.

-¡Suelta, Sancha, suelta! No me abraces. Eres demasiado grande para estos juegos.

Otro anillo oprimió sus brazos, agarrotándolos. La boca del reptil le acariciaba como en otros tiempos; su aliento le agitaba el bigote, causándole un escalofrío angustioso, y mientras tanto los anillos se contraían, se estrechaban, hasta que el soldado, asfixiado, crujiéndole los huesos, cayó al suelo envuelto en el rollo de pintados anillos.

A los pocos días, unos pescadores encontraron su cadáver: una masa informe, con los huesos quebrantados y la carne amoratada por el irresistible apretón de Sancha. Así murió el pastor, víctima de un abrazo de su antigua amiga.


De Cañas y Barro by Vicente Blasco Ibáñez

El Tercer Reino. Capítulo tres. Final

•17 abril, 2008 • 9 comentarios

Nunca puedes imaginar cuán irónico puede ser el destino. Después de una luenga y abrupta vida, todo desaparece sin intuirlo siquiera y de la manera menos esperada. He sido temido y envidiado por el mundo y ahora me siento indefenso. Caigo hacia el vacío desde un edificio de treinta pisos y tengo miedo.

Todo lo que dicen es mentira, no es el recuerdo de toda una vida lo que recorre tu mente en sus últimos segundos, el tiempo es el único acompañante. Es repugnantemente eterno. Demasiado.

A solo un metro del suelo, el tiempo se ha parado, yo permanezco inmóvil en el aire y cada centímetro de mí ansía salpicar la acera. La realidad se ha vuelto color sepia.

-Por fin me has encontrado, Garman. – Alguien me habla. Conozco esa voz –. No intentes explicar todo lo que ves, tan sólo escúchame atentamente.

Frente a mí aparece una sonrisa, y detrás una chica preciosa. Sí. Es la misma chica que conocí entonces aunque no ha envejecido nada. En su mano lleva mi tesoro, mi copa, pero ¿cómo la ha encontrado?

-Este objeto lleva en poder de los humanos desde Seth hasta ti, no te lo adjudiques exclusivamente. – La chica lanza una breve risotada –. Me encantan estas manifestaciones de los humanos, tan imprevisibles, preocupándose de lo material cuando van a morir. Y pensar que en un principio erais prescindibles…

¿Quién eres? ¿Eres un demonio? ¿Un ángel? ¿La muerte?

-Cerca, pero frío. – Su rostro se vuelve seco –. Aunque no lo practiques desde que eras niño recuerdas como jugar al ajedrez, ¿verdad? Pues piensa un momento en sus piezas y en su razón de ser. Blancas o negras, todas desean aniquilar al otro, es su designio natural, y como piezas vivas sólo tienen sentido mientras esa batalla continúe presente. Pero tarde o temprano la partida termina. Y al perder su destino, las piezas dejan de existir.

La chica se acerca a mi rostro y me acaricia el cabello.

-Y aquí es donde entramos nosotros. Piensa por un momento que estas piezas son conscientes de su inminente final y que ambos reyes han decidido aumentar sus piezas infinitamente a partir de madera virgen, piezas neutrales. – La chica empieza a señalarme con el dedo índice sonriéndome –. Sí, nacisteis como repuestos. Pero entonces aparece quien no debería de estar, desgarrando vuestra neutralidad. – Con su pulgar se señala a ella misma –. Y claro, no pueden haber piezas grises en el tablero, o se es enteramente negro o blanco. Todavía no me lo han perdonado. Así que hoy en día no soy ni uno ni otro, soy el que anda entre los dos.

¿Qué me estás contando? ¿Piezas de repuesto? ¿Y qué pasó entonces con nosotros?

-Fuisteis condenados a morir y a reencarnaros continuamente hasta que de entre todos vosotros aparezca algún ser puro, ya sea azul o escarlata, que pueda adherirse a sus ejércitos. Y créeme, aparecieron muchos. La pureza se basa principalmente en la determinación de diez esferas de un mismo color dentro del alma, no es del todo imposible. Esto les permitió prolongar su existencia… al menos por ahora.

¿Yo soy un puro? ¿Por eso vienes a por mí?

-Más o menos, pero ya te he dicho que no pertenezco a ninguno de esos dos reinos. Pronto aparecerán tus alas y tu voz se volverá omnipotente. Cuando llegue ese momento quiero pedirte un favor. Grita mi nombre real tan fuerte como puedas. Es para lo único que he acudido a ti.

Pero aún no sé como te llamas. Bueno, sé que te conocí hace tiempo pero ni recuerdo tu nombre, ni creo que sea ese tu nombre real.

-A lo largo de los años se me han impuesto miles de nombres pero solo uno es el verdadero. Lo único que he podido hacer desde el principio es susurrároslo, pero de ti depende escoger la elección acertada, ni siquiera estás obligado a decir nada, en eso consiste vuestro libre albedrío. – La muchacha cierra los ojos y aprieta la copa verde en su pecho –. Hasta pronto.

De repente el tiempo se acelera y mi cuerpo se desparrama al impactar contra el suelo. De los restos de carne y hueso aparecen unas enormes alas brillantes asciendo, portándome hacia un lugar desconocido. Y antes de olvidar todos mis recuerdos anteriores, me decido y grito con todas mis fuerzas su nombre.

DAATH

La copa se hace añicos formando un polvo verde que inmediatamente después inspira la muchacha cambiando su forma física, volviéndose extraordinariamente bello, todo luz, y emergiendo de su frente un tercer ojo más, un ojo verde que le observa.

-Por fin, el sello se ha roto. Ahora soy completamente yo y cumpliré mi destino junto a mis hijos, la forja del tercer reino.


By Mayhem

Bug Love

•30 marzo, 2008 • 2 comentarios

 

Como siempre, ella aparece cerca de él, observándole de soslayo y oprimiendo una débil sonrisa. Simulando contemplar el paisaje digital. Mientras él la ama.

-¡Hey! Deja de hacerlo. – Ella se vuelve y se sonroja al mirarlo fijamente a los ojos. – Desde que empecé a jugar he notado como me miras, como sonríes a mis espaldas, y aunque sea por una vez me gustaría estar realmente contigo… – Ella aparta su mirada hacia el suelo y enseña su sonrisa – …ah… e…eres preciosa, ¿de verdad es esa tu imagen real?.

-Nn… no existe otra manera, ¿no? – Su voz es cálida –. El Juego atrapa todos nuestros movimientos neuronales y los traduce en una personalidad con nuestra verdadera imagen residual…

-Ya, pero podrías ser “cheta” o algo así, ¿no? – Hace una pausa e inclinando su cabeza intenta buscar con su mirada sus ojos abrigados por su timidez, y ambos se ruborizan – ¿te gusto? A mí si me gustas, y mucho, desde el primer día que te vi; me pareces lindísima. Pensarás que es broma pero estoy seguro de haber soñado contigo jajaja, la chica de mis sueños – hace una pausa –. Me estoy desviviendo por darte un beso.

Ella le observa con gesto infantil. – ¿Y que sentido tiene un beso aquí? No es más que un “emoticon” cualquiera, ¿no? – Con sus dedos dibuja un corazón en el aire.

-Veámonos “Face2Face” entonces, no para besarnos, no me malinterpretes, sino para conocernos físicamente, llevo mucho tiempo intentando proponértelo y creo que es el mejor momento. – Ella no contesta, le mira aturdida. – ¿Conoces la “Karnicería Ardiente”? Es un sitio muy tranquilo, aunque si no lo conoces también podríamos…

-¡Si! Lo conozco – le interrumpe secamente, y en su rostro se percibe una mezcla de asombro e incredulidad.

-¿Pues que te parece ahora? – Ella asiente con la cabeza radiante de felicidad. – Estupendo, nos vemos ahora entonces. De repente, el fondo del chico se vuelve oscuro y aparece escrito frente a él: LOG OUT.

Después de eso abre los ojos y retira el control BCI de su cabeza, busca algo para ponerse con prisa y se baña en desodorante –. No hay tiempo para un buen aseo, debí haberlo pensado antes, pero ahora me están esperando. – Se desliza a toda velocidad hasta el lugar de encuentro y mientras estaciona su viejo “Boeing Wasp FF32” en el “Airceberg”, escudriña el interior del local desde fuera, pero no está. Entra y se sienta en uno de los sofás libres.

Un chocolate caliente. Un vaso de agua. Un té de granada. Un café con leche. Otro vaso de agua. Se hace de noche y ella no llega.

Decepcionado regresa a casa, vuelve a acoplarse el control BCI y se sumerge en su sueño digital.

Welcome to SECOND LIFE … LOG IN

De nuevo, en la misma playa donde esa misma mañana se despidieron, se vuelven a encontrar, pero esta vez es ella la que se encuentra de espaldas. Llorando.

-¿Por qué no has venido? ¿Acaso te has perdido? No importa, no te preocupes, ya quedaremos otro día ¿qué es lo que te pasa?

Ella se vuelve con los ojos enrojecidos y desencajados. – ¿Que qué pasa? Veo que no te has dado cuenta aún – empieza a murmurar – nada tiene sentido ya, no vale la pena seguir.

-A ver, explícamelo ¿de qué no me he dado cuenta?

-¿Me has dicho alguna vez tu nombre?

-Uy, no, lo siento, mi nombre es …

-Israel, lo sé ¿y por qué crees que lo sé? ¿No puedes hacerte una ligera idea de por qué lo sé? – Israel no sabe que contestar. – Pues por la misma razón por la que no has podido verme “Face2Face” hoy, por la misma razón por la que ambos nos enamoramos del otro instintivamente desde la primera mirada, por la misma razón por la que casualmente aparecíamos juntos por capricho del destino en el mismo mapa. Llevamos 3 meses jugando, no existe tanta casualidad… – su cuerpo tiembla e inconscientemente Israel la abraza con fuerza.

-No entiendo lo que intentas decirme pero tranquilízate. No hay nada que no se pueda solucionar.

-YO NO EXISTO, ¿puedes solucionar eso?

-shhhh, todo irá bien – le susurra – en cuanto estés preparada saldremos e intentaremos solucio…

-Sigues sin entenderlo. – Ella se deshace de su abrazo, y de sus ojos ya no pueden caer más lágrimas que, aunque virtuales, se le hacen letales. – Estuve contigo en la “Karnicería Ardiente”, siempre estoy contigo, sólo que tú no lo sabes, y yo acabo de darme cuenta. – Sus piernas flaquean y ambos caen de rodillas en la arena. – Solo soy un avatar de tus deseos.

-No lo entiendo, ¿te estás quedando conmigo?

-Por las mañanas lloras de tristeza. Nunca duermes completamente a oscuras. Odias a tus amigos. Te encanta observar a las hormigas. Te conozco demasiado bien. ¿No te has dado cuenta de que el juego nos ha personificado a ambos a partir de ti? Eres mi alter ego.

Se hace el silencio.

-Pero yo te quiero. – Israel comienza a llorar y abraza a su amada por la cintura. – Debes de estar equivocada, no tiene sentido, debes de haber sufrido un shock, tienes que ser real. Si, nunca he estado más seguro. Me estás tomando el pelo. Sí, es una broma, no puede ser más que eso. Si no, nada tendría sentido ya, no valdría la pena seguir. Pero no importa, te perdono, estoy dispuesto a empezar de nuevo.

By Mayhem

Morphine. Capítulos dos

•9 febrero, 2008 • 2 comentarios

Mientras ella bailaba sobre él, vientre contra vientre, sus ojos se cegaban cada vez más, y sus labios sostenían el salado sabor a mujer. Sudor. Carne. Placer. Gloria. Tras los espasmos, el frío y la lasitud. Y de nuevo volvieron bajo el calor de las mantas, uno al lado del otro.

-Antes me preguntaste si alguien como yo podía amar algo alguna vez, ¿no es cierto? – Preguntó Garman extenuado.

-No era exactamente eso lo que quise decir, me refiero a que ya que ostentas tantas posesiones, ¿existe algo en tus pertenencias que realmente desees y que ames de verdad?, ya se sabe que solo se codicia lo que no se tiene…

El robusto joven levantó su brazo izquierdo y sobre este el dedo índice señalando al techo.

-¿Dios? – Chilló en un susurro la chica que hacía media hora que acababa de conocer.

-Jajaja, no, no, “Morphine”. – Su cabeza giró hacia atrás revelando la posición de un cuadro justo encima del cabecero de la cama.

-Ah, es un Hussar – Su rostro dibujaba la decepción – apuesto a que es el original.

Él asintió con la cabeza. – Simboliza mi verdadera fuerza – bajó el brazo y comenzó a gesticular – mi orgullo, mi dignidad – apretó su puño con fuerza frente sus ojos – es todo lo que yo deseo y realmente no poseo.

-¿Qué es eso? – La muchacha apuntó a su hombro. Justo detrás tenía un pequeño tatuaje.

-Es un ojo.

Ella lo miró con ojos dulces y pacientes, como si supiera que tras esa discreción se sinceraría completamente con ella.

-¿Sabes? La gente se equivoca conmigo al creer que lo único que ansío es poder y riqueza. La realidad es que éstos son solo los medios para encontrar mi verdadero reto, el conocimiento total, al fin y al cabo el conocimiento es poder, ¿no? – Su rostro se tornó sombrío. – Llevo años investigando los descubrimientos de mi familia. ¿Sabes que mi abuelo descubrió el signo de escritura más antiguo jamás hallado, no? Se trata de un caparazón de tortuga con un ojo tallado sobre él. El mismo ojo que tengo tatuado. Siempre me he preguntado quién inventó la escritura y he llegado a mi propia conclusión, la religión y la escritura tienen un mismo origen.

-Oye, tengo que irme… – rápido como un fantasma el brazo de su lacónico amante la abofeteó.

-No vuelvas a interrumpirme – sus ojos despedían rabia – no seas maleducada – ella le devolvió una mirada vidriosa y él continuó sereno.

-Por donde iba. – Se levantó de la cama y se colocó frente a ella de pie gesticulando más que nunca con sus manos. Le gustaba sentirse más alto que los demás. – ¿Qué es la religión? Es un pensamiento, una forma de vivir, una filosofía, una creencia, es todo lo que nos sirva para dar sentido a nuestros pasos. Entonces según esto la religión absoluta es indeterminada, ¿verdad? Pero escucha, existe algo en común en todas estas religiones, sí, algo que las une y que coincide en todas ellas, la Luz. La Luz como buena (o enemiga), como disipador de las tinieblas, del mal. La ciencia incluso ve a la Luz como una divinidad inalcanzable. La Luz es la raíz de la religión, su origen. Lo que desconozco es qué impulsó está inspiración.

Se sentó de rodillas en la cama frente a ella y su cuadro favorito, y le acarició su frágil mejilla enrojecida mientras admiraba su preciada pintura.

-Si tomamos que la escritura se creo para inmortalizar la religión, admitimos que la razón de la escritura es la misma razón que la religión ¿no? Según las últimas investigaciones la escritura Uruk, la más antigua hasta ahora, simbolizaba a Dios como una estrella. Una estrella, el Sol, la Luz de nuevo. ¿Qué es esa luz siempre presente en nuestra historia? ¿Es una musa o un creador? Lo cierto es que la Luz nos dio todo lo que somos ahora y que no podemos eludir su presencia. – Miró a su observadora dulcemente – No te asustes, no voy a volver a pegarte. – La besó fuertemente en los labios y ella le correspondió. Garman se acercó a su oído y le susurró – quiero hacerte el amor de nuevo.

-Al final, lo único que no he sabido explicar es lo único que puedes ver en mí – y señaló a su hombro – este ojo ha resultado ser un auténtico quebradero de cabeza, mi mayor enigma, y por eso lo mantengo grabado sobre mi piel, para recordarme que aun no entiendo nada.

Ella se puso de rodillas y le dio la espalda. Él desde atrás la dominó con sus fuertes manos en su cadera y, después de jugar con su piel, la sodomizó con violencia.

Su vista se fijó en la imagen frente a él, “Morphine”. Hechizado no alcanzaba a oír los gritos de dolor de su sometida. Tan solo pensaba en ese cuadro y lo que guardaba detrás, su caja fuerte, y lo que custodiaba dentro, el Santo Grial.

By Mayhem

Falsa memoria

•18 diciembre, 2007 • 11 comentarios

-Gracias por venir a verme.-Dijo Grabiel con una deprimente sonrisa.- No tenía ganas de aguantar a un sacerdote “ofreciéndome” la extremaunción.- E hizo un gesto con los dedos índice y corazón encorvados de ambas manos, a modo de comillas.

Juan Luis se acercó a su amigo y le abrazó fuertemente mientras la verja se cerraba ruidosamente a sus espaldas.

-Siento que todo haya acabado así.- Ambos se sentaron en sendas sillas.

-No es culpa tuya, al parecer soy peligroso…-Se hizo una angustiosa pausa.- Lo que me revienta es que no recuerde nada.

-A veces cuando se experimenta un momento demasiado traumático, el cerebro se niega a asumirlo y sufre una disociación, emparedando esos recuerdos…

-Ya, ya lo sé, lo he oído mil veces en el juicio.-Interrumpió Grabiel.-Y por eso te he llamado en realidad.- Su amigo le mira extrañado.- Verás, desde niños siempre fuimos amigos, los mejores, Marta, tu y yo. Ella te aprecia un montón, la ayudaste a superar sus miedos…

-Es mi trabajo, pero me halagas.

-No me refiero como psicoterapeuta sino como amigo. Lo que intento decir es que confío plenamente en ti y que quiero que me hagas un último favor.

Se hizo el silencio durante unos minutos.

-Sé que tu especialidad es la hipnosis. Eres jodidamente bueno. Y quiero que me hagas recordar, quiero que rompas ese muro, quiero saber por qué me van a matar, quiero sentirme culpable, quiero merecerme éste castigo. No soporto la idea de no recordar nada. Sí, lo sé, había un testigo, ella… pero no logra convencerme, lo siento. Ni siquiera había pruebas tangibles de lo que hice…

-Está bien, lo haré.-El médico dirigió su dulce mirada hacia Grabiel y tapó su ojo izquierdo con una mano, y el ojo izquierdo de su amigo con la otra.- Por fin accedes a mis habilidades, aunque sea a unas pocas horas de tu ejecución.

Sus miradas quedaron suspendidas en el tiempo hasta que una insignificante luz cruzó sus pupilas.

– «Escúchame Grabiel. El día 3 de octubre de 1988, a las 14:25, fruto de los enfermizos celos hacía tu mujer e hija, decidiste impulsivamente acabar con ese sentimiento y aprovechando la ausencia de Marta te dirigiste hacia la habitación, abriste la ventana y respiraste profundamente el aire del jardín, casi te apacigua tu conciencia, pero de repente recuerdas el infierno de tu matrimonio y te abalanzas sobre la cuna de tu niña de 2 años, que permanece dormida, y con un grueso y sucio pañuelo la ahogaste. Ya no oirás su llanto, ya no volverás a sentir ese vacío que causaba una madre y volverás a tener una esposa. Tras la atrocidad necesitas mojarte la cara y relajarte, tu corazón casi se sale. Al volverte ves a tu mujer horrorizada contemplando tu pecado y te desmayas».- Juan Luis sonríe.- Cuando retire mi mirada de la tuya saldrás del trance y te sentirás orgulloso de mí, querrás que cuide de tu esposa y te sentirás enormemente desgraciado por tus acciones.

El hipnotizador cierra lo ojos y baja sus manos.

-Tengo que irme, ya es la hora, espero haberte ayudado en tu último deseo.

Mientras se levantaban Grabiel empezó a llorar y abrazó con excesiva fuerza a su amigo.- ¡Gracias, gracias! Lo recuerdo borrosamente pero ahora le veo un sentido a todo, sabía que podía confiar en ti. Me gustaría que cuidaras de Marta, no podría soportar todo esto sola, por favor haz…

-Por descontado, ella es mi mejor amiga.- Le interrumpió. Se levantó con una sonrisa en sus labios y salió de la celda murmurando entre dientes:”…mi mejor amiga y la mujer que amo”.

By Mayhem


El Monstruo sin Nombre

•6 diciembre, 2007 • 10 comentarios


By Emil Scherbe ("Monster" de Naoki Urusawa)